De regreso...
MIGUEL ESTRUGO
Un "Cabro de los 80" que regresa después de 18 años a radicarse en nuestro país, una tierra que lo recibe de nuevo con los brazos abiertos.
¡Suerte en esta etapa que comienzas, amigo!
/* Blogger Template Style Name: CabrosDeLos80 Author: Miguel Estrugo URL: www.wintervision.com/~miguel Date: 26/XI/2005 last update: 9/IX/2006 */
Al rebuscar en una pila de revistas antiguas, por ejemplo, me llevé una sorpresa cuando encontré algunos ejemplares del "Nuevo Apuntes", aquella revista didáctica que, según el comercial de la época (¿1983?), "hace más fácil aprender". Ejemplares que compré en seguida, por cincuenta pesos cada uno, para echarles un vistazo y recordar las materias que una vez tuve que estudiar.

Como el amigo lector seguramente recordará, el protagonista de esta serie era nada menos que Hércules, el héroe mitológico original, aunque reciclado según el criterio de los superhéroes de la época, y por ello cargado con los clichés del género: los superpoderes de este Hércules -con un parecido más que sospechoso con el Superman de Siegel y Shuster- venían de un anillo; había supervillanos -y el más recurrente de ellos era Dédalo, el papá de Ícaro, famoso por sacarse la mugre al volar cerca del sol-; teníamos también la arquetípica mujer-florero, Helena, cuyo papel consistía en no hacer nada excepto ser raptada ocasionalmente por el malo de turno...
..Y lo que no puede faltar en ningúna producción superheroística de antes de 1970: algún cabro chico que hace de ayudante de la estrella. Claro que, al ser esta una producción ambientada en la Grecia mítica y todo eso, este sidekick era un centauro, mitad cabro chico y mitad caballo. Su nombre era Newton, y por sus méritos personales, se merece un lugar especial entre los personajes más idiotas de los monitos animados.
Otra de las cosas que aborrecía de este personaje es la manía que tenía de repetir cada frase que pronunciaba, cada frase que pronunciaba, en un estilo que, en un estilo que, le he oido a algunos políticos, le he oído a algunos políticos. Supongo que sería un truco que los animadores, escasos de recursos, utilizaban a mansalva para 'llenar segundos', aunque se hace absurdo cuando oyes a este personaje decir, "Ooooh! Ooooh!" Me pregunto qué clase de trauma habrá tenido que pasar este chico para que su tartamudez le afectara el cerebro de esa forma. Para colmo, lo único que era capaz de decir eran estupideces de este calibre: "¡Herc! ¡Herc! ¡La bestia de Boludia! ¡La bestia de Boludia! ¡Ha robado la bola derecha de Zeus! ¡La bola derecha!" La verdad es que su coeficiente intelectual no le daba para más.
Otra de las cosas que me molesta de este personaje es su ubicuidad. Al parecer, los creadores de la serie, no muy habituados al campo de la animación, usaban a este centauro pre-púber como un Deus ex machina para salir de cualquier atolladero en el que Hércules se metía. Todo lo que tenía que hacer el musculoso hére griego era decir, "¡Newton, alcánzame mi arco mágico/chirimbolo incandescente/shampoo!" y Newton iba, se acercaba a algún tronco seco y de ahí sacaba lo que fuera menester para ayudar a Hércules, porque los buenos siempre ganan en las historietas y los dibujos animados. Cosa que a veces me llena de rabia, porque la mayor parte de las veces encontraba a los malos más interesantes que los buenos con su moralina y sus poses de perdonavidas.
Aunque no se lo crean ustedes, y a pesar de lo computín que soy, aún no poseo ningún reproductor MP3 portátil. Cada vez que necesito llevarme la música a cuestas, y cuando mi computadora portátil es demasiado engorrosa, opto por escuchar la radio 'analógica' a través de mi viejo pérsonal Sanyo, con su compartimento para cassettes (que ya casi no uso) y su ruedita para sintonizar las emisoras tanto de AM como de FM.
El Walkman, tal y como lo conocemos, se gestó en 1979 en los laboratorios de Sony, casi por accidente. En aquel año, la compañía se estaba reestructurando, y los responsables de la división de grabadoras de cinta se vieron obligados a sacar un producto nuevo al mercado, o de lo contrario, el departamento dejaría de existir como tal. Así, pues, y partiendo de la grabadora portátil 'Pressman', diseñaron un pequeño reproductor estéreo de cassettes. Akio Morita, el fundador y jefazo de Sony por aquellos años, probó el aparato y quedó tan encantado que dio luz verde al proyecto. Así el 24 de Marzo de 1979 nació el TPS-L2, el primer walkman de la historia, que costaba nada menos que 200 dólares de la época (o su equivalente en yenes).
Los pérsonals de la primera generación, aunque tienen una amplia gama de colores y formas, en general presentan unos detallitos que los caracterizan de los que vendrían después: la mayoría contaba con dos salidas de audífonos (para compartir la música con tu amigo/a favorito/a, qué choro, ¿eh?), controles de volumen separados para los canales izquierdo y derecho (!!) y un botoncito que activaba un micrófono ambiental para oir el ruido alrededor del usuario en vez de la música. Una idea excelente, aunque poco práctica. Con semejantes características, y considerando la época, no es de extrañar que la mayoría de esos pérsonals costaran tan caros como un reproductor MP3 hoy en día, aunque ni siquiera tuvieran radio. Fue por ello que algunas compañías, como Aiwa o Toshiba, desarrollaron y comercializaron módulos receptores de radio que cabían en el compartimento de cassettes y pasaban la onda a través de los cabezales del cassette. Ah, y por supuesto, aquellos viejos pérsonals eran cuadrados, angulosos, rectos, como la mayor parte de los diseños de los años 80.
Tampoco podemos olvidar la serie 'Sports' de Sony, aquellos walkmans de colores chillones (pero sobre todo amarillos, auriculares incluidos) sumergibles; elemento imprescindible cualquier cabro o cabra que se quisiera sentir 'la muerte', junto con las zapatillas Adidas y las camisetas de Ocean Pacific. El primero de estos modelos 'deportivos' salió en 1982, y llegó a haber uno con baterías solares, el no va más de... de... eeeh, la pitutería, diría yo.
Los radioreceptores RD-10 y RD-100 de Casio, de 1985, merecen una nota aparte, porque tenían el tamaño y el grosor de una tarjeta de crédito, y sólo dos milimetros de grosor. Un compañero mío de colegio se compró una de estas pequeñas maravillas, y tuve ocasión de verlo con mis propios ojos, incluído el peculiar audífono estéreo, cuya clavija era plana como si la hubieran hecho con papel de aluminio dorado. Este es probablemente el más raro de los walkmans de los 80, que se cotiza a precios astronómicos
El primer pérsonal que tuve me lo trajo el viejo pascuero en las navidades de 1985, hace ahora casi 20 años. Era una radio FM de marca 'chancho', en una caja que sólo ponía "SPORT RADIO" y con una fotito de la radio con una pelota de básketbol a la que habían puesto los auriculares.
Por supuesto, mi radio tenía los típicos auriculares de los 80, los tipo 'casco' con almohadillas naranja (que casualmente viste nuestro 'cabro de los 80'), y me acompañó hasta que un buen día se rompió. O, más bien, lo rompí. Ejem.
Al día siguiente, es decir, el Viernes, iré al aeropuerto de Madrid-Barajas a media mañana para esperar hasta que el avioncito que ven ustedes a la derecha de este texto despegue, con destino a Santiago de Chile, donde espero estar, Dios mediante, aproximadamente a las siete y media de la tarde del mismo viernes.
La compañía Disney™ no me simpatiza desde hace muchos años. A medida que uno crece, el 'mágico mundo de colores™' que se preconiza se va desvaneciendo, hasta que llega un momento en el que te das cuenta que detrás de los colores pasteles™ y la alegría sacarinosa™ y políticamente correcta™ se esconde una enorme corporación™ cuyo objetivo, como el de cualquier otra corporación, es el hacer tanta plata™ como sea posible.
De todos modos, no es mi propósito el criticar a Disney™. Para eso hay ya un equipo de gente altamente cualificado en todas partes del mundo. Lo que pretendo escribiendo este artículo es un poco más humilde: el recordar el "Tío Rico", el "Tribilín", el "Pato Donald", el "Mickey", el "Disneylandia"... En fin, aquellas revistas que la Editorial Pincel publicaba y que estaban presentes en todos los quioscos de los años 80, y que tantos niños y niñas leíamos con devoción en nuestros ratos libres.
Muchos de los personajes que hoy recordamos como parte de aquel universo son, precisamente, obra de esos autores. Por ejemplo, Carl Banks, un ilustrador que empezó trabajando en los estudios de animación de Disney en los años 30, creó la ciudad de Patolandia, donde se desarrollaba la mayor parte de las aventuras del Pato Donald y su familia. Además, creó personajes tan carismáticos como el mismísimo Rico McPato, Glad Consuerte, Giro Sintornillos... Incluso los chicos malos salieron de su fértil imaginación, y además, estableció el estilo gráfico en el que se basarían todos los artistas de historietas Disney que vendrían después.
Otro de los grandes artistas de los comienzos de Disney fue Al Taliaferro. Al es anterior a Carl Banks, el padre de Hugo, Paco y Luis, la abuela Pato e incluso se le atribuye la creación de Daisy. A pesar de que Taliaferro se dedicaba a las tiras cómicas de aparición diaria en los diarios, trabajo que empezó en 1932 y continuó hasta su muerte en 1969, sus tiras aparecían con frecuencia en las revistas Disney como 'fillers' (es decir, como relleno), tradición que continuó muchos años después de su muerte. Acá les dejo una muestra de su estilo, seguro que lo reconocen.
En Europa, las revistas Disney fueron muy populares desde incluso antes de la segunda guerra mundial, especialmente en Italia, donde el estilo Disney generó escuela. Muchas de las historietas que leímos por estas latitudes son de artistas italianos, como Luciano Bottaro, cuyas historietas son identificables por su estilo fluido, Giorgio Cavazzano, un poquito más cercano al estilo clásico de Disney, y Romano Scarpa, elástico y creativo.
Es curioso observar lo bien que vende la nostalgia. Aquí en Europa, podemos gastar nuestros Euros en colecciones de series infantiles que se emitieron hace más de veinte años, y la variedad de series es inmensa: desde aquellas de las que apenas guardo un vago recuerdo, por ejemplo, Banner y Flappy, hasta las que se hicieron famosísimas en todo el mundo, como Heidi o Marco. Y podemos comprarlas en los quioscos como colecciones independientes, junto con algún diario, a través de Internet o bien por medio del infame márketing directo.
La serie original fue concebida por el productor y animador francés Albert Barillé en la segunda mitad de los años 70, y la ofreció a diferentes canales de televisión europeos -los que salen en los créditos de apertura-, con lo que Barillé y su estudio Procidis pudieron sacar adelante la serie, que se estrenó en la televisión francesa en Abril de 1978, y poco después en el resto de los países que financiaron el proyecto.
La serie narraba, de forma bastante abreviada, la historia de la humanidad, empezando por un breve recuento de la formación de la Tierra y la aparición de la vida, y continuaba con los hechos más destacables de la historia, contadas de forma amena y sencilla. Había además un elenco fijo de personajes, tanto buenos como malos, que aparecían verstidos según la época y el lugar.
Hay algunos aspectos criticables en la serie, como por ejemplo, el excesivo eurocentrismo -o más bien, francocentrismo-, y el hecho de que la historia termina en la época de entreguerras, obviando todo lo acontecido a partir de 1930, desde donde hace un salto al presente de los años 70 y hace un sombrío comentario al futuro que nos espera según la óptica reinante en la época. Pero esas son críticas menores, sobre todo teniendo en cuenta el público al que está dirigida -cabros de entre 6 y 12 años-, y que el propósito de esta serie, según su creador, no es el explicar las cosas, sino el despertar la curiosidad de esos niños para que investiguen y aprendan más adelante. Probablemente, esa es una de las claves del éxito de la serie: que a pesar de hacer referencias a la historia, no es ni aburrida ni demasiado pesada: tiene el equilibrio justo entre entretenimiento y cultura, tantas veces intentado y tan pocas veces conseguido.
Animados por el éxito de Érase una vez... el Hombre, los estudios Procidis posteriormente lanzarían otras series de concepto similar, dedicadas al espacio, al cuerpo humano, al descubrimiento y colonización de América, a los descubridores, y la más reciente hasta el momento, a los exploradores, esta última lanzada en 1996, siempre mostrando al mismo elenco de personajes, aunque modificados según el contexto. Sin embargo, si no me engaño, esas series han ido decreciendo en popularidad y no alcanzan el éxito que tuvo Érase una vez... el Hombre.
Cada vez avanzamos más rápido, amigo mío. La tecnología del bronce tardó medio milenio en hacerse común entre las comunidades paleoeuropeas. Las máquinas de vapor tardaron unos ciento veinte años en reemplazar a la tracción animal como medio de transporte. El automóvil reemplazó a los carruajes en unos sesenta años. El cine pasó a ser entretenimiento popular en unos treinta y cinco años. A la radio, convertirse en un fenómeno de masas le tomó un par de décadas. La televisión habrá tardado unos quince años en llegar a una audiencia amplia. Las computadoras personales se popularizaron en diez ó doce años. Los CDs, como mucho, ocho. Internet se hizo popular unos cuatro años después del pistoletazo de salida1. Al DVD, convertirse en el medio de soporte de datos por excelencia le tomó, como mucho, un par de años.
Empecemos por el tope de gama: las cámaras de 35 milímetros. Ese formato era, de lejos, el más popular de los años ochenta, usado tanto por aficionados como por profesionales. Lo más probable es que tu papá tuviera también una, tal vez sencilla, a lo mejor sofisticada, ¿qué más da? Y seguro que él la sacaba y la usaba para inmortalizar aquellas vacaciones, ese cumpleaños, la escapada al campo... La de mi padre era una Canon AE-1 que se compró en 1979, un aparato muy avanzado en su época, la cámara que introdujo la electrónica en el campo de la fotografía. Eso sí, nada de 'auto-focus', sistema anti-temblores o zoom automático. La electrónica únicamente te decía qué era lo que tenías que hacer. El enfoque, la velocidad del obturador, el pulso firme y todo lo demás lo tienes que hacer tú con tus propias manos. El diseño de esta cámara aún parece vagamente contemporáneo, pero me imagino que para las nuevas generaciones de fotógrafos digitales se ve tan extraño como una cámara 'de fuelle' para mis ojos. Pero ya les llegará la hora a las cámaras actuales.
Claro que las máquinas de 35 mm no fueron las únicas disponibles en los años 80. Estaban, por ejemplo, las Polaroid, sobre todo esas que escupían con mucho ruido mecánico un rectángulo negro enmarcado en cartulina. Dejabas pasar unos minutos y entonces veías, con tus propios ojos, cómo la imagen en el rectángulo iba tomando forma y los colores aparecían gradualmente. Eso sí que era verdadera magia. Lamentablemente las Polaroid eran demasiado caras por aquellos días, y por más atractivas que fueran para los cabros chicos, debido a lo sencillo de su manejo, ese era también un juguete dedicado sólo a los mayores. Aunque a nosotros, cabros chicos, se nos desataba la imaginación: ¿Qué no seríamos capaces de hacer con una cámara que no necesita de la potencialmente vergonzosa visita a una tienda de revelado? Me da a mí la impresión que haríamos exactamente lo mismo que los cabros de ahora con sus webcams. Un cabro siempre es un cabro.
El formato fotográfico ideal para para un cabro chico era el '110'; de hecho, la primera cámara de verdad que tuve fue una Kodak Ektralite 10 que me dejó el viejo pascuero en 1985. Las cámaras de 110 eran sencillísimas de usar y de cargar. Recuerdo que el rollo que me vino con la cámara lo gasté inmediatamente en fotos con motivos bastante estúpidos, pero gracias a esa estupidez, he sido capaz de recordar detalles que se me habrían escapado hace tiempo, como la maqueta del Concorde que tenía en mi cuarto, la forma de la silla en mi habitación, las cortinas, mi colección de 'Tentes', las vistas desde mi ventana... Gracias a las fotos que sobrevivieron, soy capaz de tener un recuerdo nítido del cuarto que ocupé en la casa de Providencia en la que viví a partir de 1986.
Las cámaras 110 eran fáciles de fabricar, adquirir y mantener, y durante su apogeo se vendieron por millones, con todas las formas y colores -incluídas las diminutas minicámaras con cadena de llavero-, por lo que es imposible hacer una lista completa de modelos. De todos modos, estoy seguro que si eres un cabro o cabra de los 80, habrás tenido al menos una 110.
Oh, por cierto, a lo mejor ya no te acuerdas, pero en los años 80 también tuvimos una revolución fotográfica frustrada: las cámaras Disc, lanzadas en 1982 por Kodak. En vez de tener carrete, esas cámaras usaban un disco chiquitito que supuestamente las hacía superiores. Al comienzo las cámaras Disc se vendieron como pan caliente, pero cuando la gente se cansó de sus precios relativamente caros, sus diminutos negativos, las dificultades para hacer ampliaciones de calidad y la escasez de sus discos, las ventas cayeron tanto que en 1988 Kodak las sacó del mercado y volvió al formato de 35mm para sus cámaras más populares.
Fue un duro golpe para Kodak, pero la compañía equilibró este fracaso con el impresionante éxito que obtuvo la Fling de 1987, la primera máquina de usar y tirar que se sacó al mercado (ese era el lema de los ochenta, 'usar y tirar'), y posiblemente una de los últimos hitos en la historia de las cámaras analógicas, si dejamos aparte la invasión de electrónica que llegó ya bien entrados los años 90.
Como vimos en un artículo anterior, 1986 sería para el PFMR el año definitivo, en el que derrocarían el gobierno de Pinochet, vengando así el golpe de estado de 1973. El plan, originalmente concebido entre 1984 y 1985 por algunos dirigentes del PC, suponía que para aquel año el desgaste de Pinochet al frente del gobierno y el desarrollo del FPMR iban ser tales, que se estaría en condiciones de ajusticiar al dictador.
El lugar designado fue 'la cuesta de la achupalla', un tramo de la carretera del cajón del Maipo, frecuentado a menudo por la caravana presidencial por las escapadas que hacía Pinochet los fines de semana a su finca en el Melocotón. En esa zona, la ruta es considerablemente angosta y las vías del ferrocarril de vía estrecha que sube a El Volcán, abandonado por aquel entonces, pasaba justo por encima de la ruta, lo que la convertía en un punto ideal para fuego de desenfilada. La idea era simple: bloquear la comitiva por delante y por detrás y acribillarla con fuego de fusilería y lanzagranadas desde la vía y los vehículos implicados en el bloqueo.
La comitiva está compuesta por seis autos y dos motocicletas de Carabineros. Pinochet viaja en el asiento trasero del cuarto auto, un Mercedes Benz SEL gris plateado, acompañado de su sobrino. De la caravana, sólo los dos Mercedes están blindados, los autos de los escoltas, no. El ritmo de la caravana se enlentece: la carretera está llena de curvas. Por detrás aparece una camioneta Toyota, que circula a pocos metros de la fila de vehículos.
La noticia saltó unos minutos después, las radios y las televisiones interrumpieron su programación y al comienzo dieron noticias más bien vagas... tiroteo... Pinochet... heridos. Yo me enteré en mi casa, mis papás estaban afuera, y creo que estaba jugando en el jardín cuando de repente Inma, la empleada que teníamos, salió disparada de la cocina a la sala para ver la TV, y gritaba, ¡Han matado al Pinocho! con una sonrisa en sus labios. Al comienzo nadie sabía qué había pasado, pero poco a poco fueron llegando noticias que confirmaban que Pinochet seguía vivo, al comienzo, y luego, que estaba ileso. Unas horas después, el mismo Pinochet apareció, vestido probablemente con las mismas ropas que llevaba en el momento del atentado, mostrando las huellas del atentado en el Mercedes frente a las cámaras de Televisión Nacional. Los diarios salidos el día siguiente ya tenían bastante más información que ofrecer a sus lectores.
Para el FPMR la operación Siglo XX fue un fracaso total. Por un lado, el estado Cubano quedó muy irritado ante la incompetencia de los frentistas -por segunda vez consecutiva, recordemos el fiasco de Carrizal Bajo- y le retiró el apoyo logístico con el que habían contado hasta entonces. Por el otro, la Alianza Democrática condenó enérgicamente el atentado, así como la OEA y los EE.UU. (bueno, en fin, ya se sabe...) Además, el CNI recrudeció su represión contra toda la oposición en general, y contra el FPMR en particular; capturó a algunos de los implicados en el atentado y siguió tirando del ovillo, hasta encontrar a José Valenzuela Levi, el que diseñó la emboscada contra Pinochet... y lo mató, precisamente, en una emboscada, junto con otros doce frentistas en diferentes partes de Santiago el día 15 de junio de 1987, durante la fatídicamente famosa "operación Albania", que volvió a la memoria de todos el año pasado a causa del enjuiciamiento de sus responsables.
Por un lado me alegra el saber que Chile rehúsa olvidar los crímenes y abominaciones cometidos durante la dictadura por tantos elementos de las FF.AA, señal de que el país es lo suficientemente maduro en este momento para encarar el pasado sin miedo. Pero me asombra el ver cómo algunos se empeñan en mitificar a los caídos en la matanza de Corpus Christi como si se tratara de angelitos de vida ejemplar e inocente, cuando a mí me parece que los frentistas habrían hecho exactamente lo mismo a sus rivales. Ahí quedan las armas de Carrizal Bajo como mudo testimonio a sus intenciones.
Te seré sincero, amigo lector. Nunca me han gustado los superhéroes. No me siento identificado con ellos, en general son demasiado... vacíos, presumidos y prepotentes, con perdón.
La historia era bastante sencilla. Unos extraterrestres benévolos bajan del cielo en un OVNI y le dan un traje de superhéroe a un profesor de secundaria llamado Ralph Hinkley para combatir el crimen y la injusticia. Hasta aquí todo bien, si no fuera porque Ralph, torpe por naturaleza, pierde el manual de instucciones y no sabe cómo utilizar los poderes del traje.
A su lucha contra el crimen se une Bill Maxwell, agente del FBI, también testigo del aterrizaje de los alienígenas, y la novia de Ralph, Pam Davidson, que se ven envueltos en todo tipo de situaciones dignas de Buster Keaton. A pesar de todo, la mayor parte del interés de la serie lo protagonizaban los constantes roces entre los personajes, sobre todo, la diferencia entre la idiosincrasia liberal de Hinley y el cínico pragmatismo de Maxwell, aunque la serie también incluía acción y aventura en su justa medida.
Para colmo, el 30 de Marzo de aquel año, Ronald Reagan sufrió un atentado a manos de un personaje llamado John Hinckley, un apellido demasiado cercano al del Ralph Hinkley de la ficción. Por ello, la cadena le cambió su nombre a Hanley, aunque se volvería al apellido original en 1982.
Cuando estás entre los 9 y los 12 años, cuando estás en esa edad dificil en la que empiezas a hacerte 'un niño mayor' aunque no eres todavía maduro, cuando te mandan todo el tiempo a hacer pequeños recados a la tienda de la esquina -guardándote el vuelto como justa recompensa-, cuando consideras un chico/a con un año menos que tú 'un pendejo'... tener una bicicleta el no va más de la libertad y la autonomía.
Yo tuve una "Bianchi BiMX" que me compró mi papá en 1982 como premio a haber aprendido a andar en bicicleta yo solo, sin ayuda de nadie, en el campo de mi tío durante mis vacaciones en España en Agosto de aquel año. Mi bicicleta era una BMX de cabo a rabo, pequeña, ágil, robusta, sin suspensiones, de piñón fijo, de color gris metalizado, con guarnecidos de gomaespuma forrada en nylon rojo en la barra -¿para proteger mi entrepierna en caso de accidente?-, con ese manubrio enorme, también guarnecido, que mantenía mi espalda vertical y la hacía muy agradable para pasear. Mi bicicleta era mi pasaporte a la autonomía, mi primer vehículo, mi orgullo, mi pasión y mi deporte favorito en los veranos.
Pero también había otras marcas: las bicicletas más populares en Chile eran las "CIC" (que tenía un jingle que decía "¡Bi-cic-cross! ¡Resistente, velocísima, Bi-cic-cross!") y las 'Oxford' que por la época también hacía bicicletas BMX. La mía era una Bianchi, hecha en Italia, marca que también era -y sigue siendo- popular en el Chile de la época.
¡Cuánto disfruté de esa bicicleta! Subía con un vecino mío por la cuesta al cerro San Cristóbal, jadeando los dos como locos, para luego tirarnos cuesta abajo con alegría suicida, sintiendo cómo el viento nos daba en la cara a medida que adquiríamos más velocidad. O bien iba al Unimarc de Vicuña Mackenna norte a comprar 'Fonzies' cuando tenía algo de plata encima. Me pasaba las tardes enteras de verano pedaleando de arriba abajo, e incluso iba a visitar a un compañero de curso que vivía lejísimos, en la zona de Kennedy con Manquehue, una hazaña digna de admirar porque yo vivía en la zona de la Costanera, a mucha distancia.
Precisamente ahí, en aquella época, había un eríazo enorme que era usado para la feria semanal. Un día descubrí que la Municipalidad había hecho un trazado de bicicross en ese mismo sitio, probablemente para algún campeonato local -por aquellos años el bicicross era enormememte popular entre los cabros de la época y las municipalidades hacían actividades de ese tipo dia sí, día no-. Cuando el campeonato terminó, se llevaron las gradas, los anuncios de Coca-Cola y toda la demás parafernalia, pero dejaron la pista de barro intacta, gratis para todo aquel con una bicicleta. Esa fue la primera vez que puse a mi querida Bianchi a prueba en un circuito de Bici-cross de verdad. Y la cosa fue más o menos no más, porque siempre he sido prudente para arriesgarme. ¿Sabes qué te digo? Que eso del bici-cross es bastante entretenido.